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Por trabajo, un hombre, debía trasladarse a una fábrica en otra provincia y viajando ya de noche, algo cansado, se distrajo y tomó la ruta equivocada, yendo a parar a un pueblo desconocido.
Era tarde, la mayoría de las pocas casas tenían sus luces apagadas, pero por suerte encontró una con luces encendidas y se animó a bajar a preguntar dónde se encontraba.
Lo recibió una familia muy atenta, (bien de pueblo) y mientras le explicaban cómo llegar a destino, palabra va, palabra viene, le insistieron en que se quedara a comer algo y a descansar un poco. El hombre aceptó, entró en la humilde casa donde pudo ver en un lugar de privilegio una linda cuna, chica, como de juguete llena de paja y ramas
A mitad de la cena, el hombre vio que el mayor de los hijos se acercó a la cunita y puso una pajita nueva; y la intriga lo animó a preguntar para qué era esa cuna. Entonces el muchacho le explicó que preparaban el pesebre de Navidad.
El visitante asombrado le dijo: -Pero, si estamos en septiembre, todavía falta para Navidad-; entonces le explicaron que las familias de ese pueblo tenían el compromiso con Dios de construir el pesebre de Jesús durante todo el año. Por cada buena acción se ponía en la cuna una pajita o una rama y así la cama del niño Jesús sería más mullida cuanto más buenas acciones realizaran.
Y el protagonista del cuento termina diciendo: -“Allí descubrí que Jesús no ha nacido una sola vez, sino que cada día vuelve a nacer, en la medida en que nosotros, con nuestra propia vida, le preparemos un lugar para que nazca”.
El maestro les decía a sus discípulos: “Ven las cosas como ustedes son y no como las cosas son en realidad”.
Y para ilustrarlo contaba el caso de un viejo amigo de ochenta años que llegó un día empapado, todo cubierto de lodo, dando la siguiente explicación: “Antes podía saltar aquel riachuelo sin problemas, pero ahora nunca consigo pasar de la mitad. No me había dado cuenta de que el riachuelo se hizo más ancho”. Entonces el maestro contestó: “Ahora cada vez que me agacho para atarme los zapatos me doy cuenta de que el suelo está más lejos que cuando era joven”.
Un cartero se metió con su bicicleta por un prado para acortar el camino y alguien que pasaba cerca, vio que un toro salió raudamente a perseguir al cartero. Después de pasar por muchos apuros, consiguió ponerse a salvo.
El caminante, que se había detenido a ver la escena le dijo: “-se salvó raspando,porpoco lo agarra-” y el cartero contestó: “-como todos los días-”.
La reflexión de Anthony de Mello es: la gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones porque las emociones negativas con sus punzadas, les dan la sensación de estar “vivos”.
Un hombre de familia numerosa, acudió al maestro para contarle sus angustias; le habló de severos problemas económicos, de sus dos empleos, de su falta de tiempo y de su lógico stress.
El maestro, al verlo tán acelerado le recomendó que meditara al menos veinte minutos cada mañana. El hombre pensando que el maestro no había entendido, le vuelve a hablar de su falta de tiempo, de sus pocas horas de sueño... y el maestro lo interrumpió para hacerle una demostración: Tomó un jarrón y empezó a meterle piedras hasta al borde; cuando no entraba ninguna piedra más, le preguntó al hombre si consideraba que el jarrón estaba lleno y contestó que sí. Entonces el maestro arrojó unas piedritas chiquitas que se fueron metiendo entre las piedras grandes y cuando no entraba ninguna más volvió a preguntarle al hombre si ahora el jarrón estaba lleno; con un poco menos de seguridad el hombre contestó que sí; ahí el maestro tiró arena en el jarrón y volvió a preguntar si estaba lleno.
El hombre a estas alturas contestó que no sabía y el maestro terminó la lección llenando con agua aquel jarrón.
Cuando le preguntó si había entendido el significado el hombre, relacionándolo con su problema, le dijo: “Me has querido demostrar que aunque yo sienta que no puedo más, que estoy lleno, que no tengo tiempo, siempre se puede un poco más”
-No- le contestó el maestro. Si yo hubiera llenado el jarrón con agua, una sola piedra lo habría desbordado.
Si lo hubiera llenado de arena, ni una sola piedra se habría infiltrado.
He querido demostrarte que para que todo entre deberás poner primero las piedras grandes!.
Le preguntaron al maestro qué era lo más importante en la vida si el despertar, el desapego, el altruismo, la iluminación... y el maestro dijo lo más importante de la vida es vivir!.
Una ostra vio que una perla suelta había caído en una grieta de una roca en el fondo del océano y pensó: la voy a poner cerca de mí sobre esta hoja, así cuando los humanos pescadores de perlas vengan y la vean, me dejarán a mí tranquila.
Sin embargo llegó por ahí un pescador (cuyos ojos estaban acostumbrados a buscar ostras y no perlas) tomó esta ostra sin ver la perla que estaba al lado y se fue.
Anthony de Mello agrega: no está de más acotar que la ostra estaba vacía.
Le preguntaron al maestro que le pedía él a Dios y contestó: le pido que me pida lo que quiera.
Una nena estaba muriendo de una enfermedad de la que su hermano mayor había logrado zafar.
El médico le indicó al muchacho que como él tenía en su sangre las defensas que había generado para curarse, lo único que podía salvar la vida de su hermanita era una transfusión de su sangre.
El chico lo miró aterrado y después de estar callado un largo rato, aceptó.
Una hora después de la transfusión el muchacho le preguntó al doctor: -¿cuánto tiempo tardaré en morir?-
Un muchacho va a pedir la mano de su novia y el padre le pregunta de qué trabaja y con cuánto dinero cuenta para mantener a su hija.
La chica lo interrumpe y le dice: -no papá te equivocás yo no quiero su dinero...Yo lo quiero a él.
El muchacho se levantó y para asombro de la familia dijo: -retiro el pedido, su hija resultó ser demasiado ambiciosa!-.
Ella dijo: -no quiero un huevo de oro, quiero la gallina. Yo lo quiero a él!-.
Había dos camiones pegados el uno al otro por su parte trasera y el camionero con un pie en cada camión, intentaba mover un cajón enorme.
Un tipo que pasaba por ahí voluntariamente se subió a uno de los camiones para ayudar y empezó a empujar el cajón. Después de un largo rato de inútiles esfuerzos, el tipo le dice al camionero:
-Lo lamento, pero no vamos a conseguir sacarlo de este camión-
Y el otro dice: -¡Sacarlo?! Por Dios! Yo no quería sacarlo quería entrarlo!-
Un cura se encontraba muy concentrado en su lectura, cuando se acerca el borracho del pueblo, que era un terrible vago de mala vida y le dice: -Padre ¿puedo preguntarle algo?- El cura que ya lo calaba, decide no darle bolilla y continúa leyendo.
Ante la insistencia del borracho, elcura fastidiado, deja la lectura y le dice -¡¿qué es lo que querés?!-
El borracho le pregunta qué produce la artritis; entonces el cura aprovecha para pasarle factura y le dice -¡emborracharse produce artritis!, no trabajar produce artritis!, ser promiscuo produce artritis!- Y después de haberse descargado le dice -¿por qué lo preguntás?-
El otro le contesta: -porque en el diario dice que el Santo Papa tiene artritis-
En un pueblo vivía un sabio, famoso por tener todas las respuestas para todas las preguntas. Un muchacho que lo quería dejar mal parado ideó un plan: voy a ir con el sabio, llevando en mi mano un pájaro, y le voy a preguntar si está vivo o muerto.
Si dice que está vivo lo apretaré en mi mano hasta que muera y si dice que está muerto abriré la mano para que vuele.
Fue a ver al sabio y cuando le preguntó si el pájaro estaba vivo o muerto el sabio respondió: -la respuesta está en tus manos-.
Una señora va a sacar pasajes de avión y después de darle todos sus datos al empleado empieza a darle los datos de su monito Federico
Entonces el empleado le explica que no puede viajar con un mono. Esta señora insiste, suplica, pasa del ruego al escándalo y finalmente ante la negativa del empleado (como esta mujer tenía fuertes contactos) hace un par de llamaditos, y le permiten viajar con el mono.
A mitad del vuelo las azafatas que estaban al tanto de lo sucedido se percatan de que no le dieron nada de comer al mono y una de ellas destapa la jaula y ve que el mono está muerto, te imaginás!.
Sabiendo que era una mujer de contactos, que había demostrado un amor y un interés especial en su monito, el comandante llama al país donde viajaban, dando una descripción detallada de las características del mono, para que consigan otro igual que lo reemplace sin que la mujer se de cuenta.
Consiguen un monito igual, logran ponerlo en el lugar del difunto y se lo entregan a la mujer, quien al destapar la jaula dijo con espanto: “éste no es Federico”. Entonces los empleados intrigados le preguntaron cómo se había dado cuenta y la señora respondió: “porque mi mono estaba muerto”.
Un hombre se presenta ante un sabio vidente con la intención de conocer la fecha en que iba a morir.
Entonces el sabio le dice: -no te recomiendo que conozcas la fecha porque podrías obsesionarte con la idea y no estar en paz-.
Al ver la necedad con la que el hombre insistía el sabio le dijo: parece increíble que hayas venido de lejos a buscar la respuesta porque confías en mí y sin embargo no puedas confiar en mi consejo-
Al tipo no le importaba nada, él quería saber la fecha entonces el sabio ya cansado le dijo: -no voy a darte ni fecha ni año, pero puedo asegurarte que morirás en día domingo-
El hombre se retira, casi conforme, porque por lo menos le había arrancado un dato.
Llega a su casa se acuesta a dormir tranquilamente y a la mañana siguiente, al despertar, se da cuenta de que es viernes y piensa: -¡qué poco falta para el domingo!
¿Y si fuera éste el domingo de mi muerte?. Quizá por eso el sabio no quería darme la fecha, porque sabía que estaba próxima y no quería alarmarme...-.
Bueno la cuestión es que el tipo se da una manija infernal, esa noche no puede dormir, el sábado estuvo muy nervioso, no se sentía bien y cada mal síntoma le corroboraba la idea de que seguramente moriría al día siguiente, llega al fin el domingo, este hombre había estado dos días sin dormir, sin comer, sin salir de su casa, en un estado de nervios tal que sufre un infarto y momentos antes de morir piensa: -con razón es tán famoso este sabio, nunca se equivoca!-
Había llegado a oídos de un pueblo la noticia de que un tal Nasrudin (Maestro del sufismo) había cambiado para mejor la vida de todos los que escuchaban sus enseñanzas.
Los mil setecientos habitantes del pueblo insistieron tánto en que Nasrudin los visitara, que finalmente éste accedió a dar la conferencia que pedían.
Nasrudin citó a la gente a las dos de la tarde. El lugar era para mil personas y como acudió todo el pueblo setecientos estaban de pie. Todos llenos de expectativas y muy ansiosos por escuchar a este sabio. A las dos en punto sale un asistente de Nasrudin al escenario avisando que por motivos de fuerza mayor la conferencia se atrasaría dos horas.
Algunos se retiraron indignados, pero la sala continuaba repleta.
Después de las cuatro de la tarde la mayoría de la gente empezó a rezongar y de a poco empezaron a retirarse muy enojados. La cosa es que de las mil setecientas personas sólo cien permanecieron en la sala
Hasta que al fin aparece Nasrudin que aparentemente borracho empieza a tirarse lances con una espectadora de la primera fila.
El público lo empezó a silbar y a insultar, hasta que Nasrudin cayó desplomado en el escenario.
La gente se fue retirando a las puteadas y sólo nueve personas permanecieron sentadas
Entonces, cuando hubo absoluto silencio Nasrudin se levantó en perfecto estado de sobriedad, sacudió sus ropas y mirando con ternura a los nueve espectadores que quedaban les dijo: -“con ustedes quería hablar; pasaron por las dos pruebas más duras en el camino espiritual: la paciencia para esperar el momento adecuado y el coraje de no decepcionarse con lo que habéis encontrado”-.
Un hombre iba todos los días a la Iglesia a pedir una cosa diferente. Aunque sus pedidos le fueran concedidos, él cada día, tenía algo nuevo para pedir. Cansado de esta situación el mismo Dios se le presenta y le dice: -estoy harto de tus pedidos!, tomate el tiempo que quieras para pensar el único y último pedido que te concederé-.
El hombre desesperado fue a visitar a todos sus amigos para que le aconsejaran qué pedir.
Era el único y el último así es que tenía que pensarlo muy bien.
Un amigo le sugirió que pidiera la inmortalidad, pero otro le dijo ¿de qué le serviría la inmortalidad sin salud?. Y otro amigo dijo: -¿de qué te sirve la salud si no tenés dinero?-. Y otro agregó: -¿de qué sirve el dinero si no tenés amor?-.
El tipo quedó más confundido que antes, entonces se presentó ante Dios y con gran angustia le suplicó que le aconsejara qué pedir, Dios sonrió y le dijo: -pide ser capaz de contentarte con todo lo que la vida te ofrezca, sea lo que sea-.
Un hombre escuchó que el aceite de hígado de bacalao era bueno para los perros y decidió empezar a dárselo a su doberman.
De modo que cada día sujetaba entre sus rodillas la cabeza del perro (que se resistía con todas sus fuerzas) le obligaba a abrir la boca, hasta que le hacía tragar el aceite de prepo.
Libraban esta batalla diariamente hasta que un día la botella de aceite cayó al piso y para asombro del dueño, el perro se acercó y empezó a lamerlo gustosamente.
Sube un hombre a un colectivo donde todos los asientos estaban ocupados, entonces el conductor ve por el espejo que este hombre se acerca al pasajero del primer asiento y le dice amablemente: -usted disculpe señor, yo no deseo molestarlo, yo sé que tiene todo el derecho de permanecer aquí sentado, quizá usted tenga un largo viaje hasta su trabajo y me resulta muy difícil hacerle este pedido, pero sucede que yo nací sietemesino y tengo severos problemas en los huesos y no puedo estar mucho tiempo parado ¿usted no sería tán amable de cederme el asiento?.
El pasajero gentilmente se levanta y le da el asiento.
Una vez que está cómodamente sentado, mira para adelante y ve que el conductor está fumando, entonces se acerca y le dice: -disculpe caballero, yo no querría molestarlo y no es mi intención cuestionarle que está prohibido fumar en el colectivo y que Ud. al ser el conductor, tendría que ser el primero en dar el ejemplo, quería pedirle si por favor podría apagar el cigarrillo porque yo nací sietemesino, con severos problemas respiratorios y no puedo soportar el humo del cigarrillo-
Entonces el conductor tira el cigarrillo, le pide disculpas y siguen viaje.
Al tirar el cigarrillo el conductor dejó la ventanilla abierta, entonces el tipo se levanta otra vez y le dice -usted disculpe señor que vuelva a molestarlo pero ¿vio que le conté que soy sietemesino y que tengo problemas respiratorios? ¿no podría cerrar la ventanilla? por favor-
El conductor que ya estaba un poco podrido cierra la ventanilla y decide poner algo de música para distraerse y este plomo se levanta y otra vez con la misma perorata de que es sietemesino y que tuvo problemas de audición... entonces el conductor furioso le dice: -¡escuchame sietemesino: ¿por qué no te vas dos meses a la casa de tu madre y me dejas de joder?!-
Una mujer muere y sube al cielo muy enojada pidiendo el libro de quejas. Entonces San Pedro, tratando de tranquilizarla, le explica que en el cielo no hay libro de quejas.
La mujer más enojada todavía le dice que está mal que no haya un libro de quejas porque ella quería dejar sentado la cantidad de injusticias que Dios cometía en la Tierra.
San Pedro trata de explicarle que no es Dios quien comete las injusticias sino los hombres.
La señora le dice: -mire, Ud. estará haciendo referencia a las guerras y tiene razón, eso lo hacen los hombres; pero yo hablo de la muerte de un niño por ejemplo, de la agonía dolorosa e innecesaria de muchos enfermos ¡deme un libro de quejas!-
Como San Pedro veía que la mujer estaba cada vez más furiosa, le explica que el libro de quejas no será necesario porque ni bien hable con Dios encontraría todas las respuestas y la mina enfurecida le dice: -¡justamente! ya me imaginaba que Dios tiene un gran poder de convicción!. Por eso mismo antes de que me convenza ¡quiero el libro de quejas!-
El maestro explicaba a sus discípulos que alcanzarían la iluminación el día en que consiguieran mirar sin interpretar. Y para que entendieran el concepto les contó un cuentito.
Dos peones católicos estaban trabajando justo en la puerta de un burdel
Y de pronto vieron que entra el rabino del pueblo haciéndose el disimulado.
Entonces un peón católico le comenta al otro: -y ¿qué podés esperar de un rabino?-.
Al ratoven entrar a un pastor protestante y un peón le comenta al otro: -¿qué vas a esperar de un protestante?-
Al rato ven entrar al cura párroco cubriéndose el rostro con una capa y un peón le dice al otro: -pobre, seguro que una de las chicas está gravemente enferma-.
Había una vez un precioso jardín en palacio con un árbol que daba manzanas de oro. Una mañana el rey se da cuenta de que falta una manzana y le pide a su hijo que monte guardia para descubrir al ladrón. El hijo obedece y al dar las doce ve que un pájaro se posa sobre el árbol para tomar una manzana.
El muchacho le tira un dardo y el pájaro se aleja rápidamente mientras que una de sus plumas cae a los pies del hijo del rey.
A la mañana siguiente se la entrega al padre como muestra de su tarea cumplida “yo descubrí al ladrón” y el padre se da cuenta de que es una pluma de oro que seguramente pertenece a un pájaro de oro.
La ambición del rey le hace ordenarle a su hijo que encuentre al pájaro y que no vuelva hasta traerlo con él a Palacio.
Sale el príncipe sin destino cierto, a buscar quien sabe dónde al pájaro de oro.
Aparece en su camino un zorro con directrices precisas que lo ayudarán a encontrarlo.
Directrices tan insólitas que el príncipe por ser racional no respeta, actúa según su lógica y es apresado.
El zorro aparece otra vez para salvarlo, lo libera y vuelve a darle instrucciones precisas para encontrar al pájaro. El príncipe acata algunas órdenes pero otra vez su lógica le hace desobedecer otras.
Otra vez lo apresan y el zorro nuevamente aparece para salvarlo con otras directrices para encontrar al pájaro y así miles de ejemplos que te muestran las oportunidades que perdemos por guiarnos por la lógica, la comparación, la razón.
Finalmente el príncipe sigue fielmente los consejos del zorro y encuentra al pájaro de oro. En medio de su alegría reconoce la tarea del zorro, las veces que lo salvó, a pesar de su rebeldía, su desobediencia, entonces le pregunta quépuedehacerporél?. Cómopuedeagradecerle? y elzorro contesta: -quiero que me cortes la cabeza y las patas-.
El príncipe que sentía sincero afecto por este compañero de ruta, se niega como podrás imaginar a matar a su fiel amigo
Y una vez más ante el ilógico pedido del zorro desobedece. Vuelve a su casa le entrega al rey el pájaro de oro. Después de la euforia y la algarabía sólo, en el palacio, habiendo alcanzado su meta, lleno de oro y poder siente un vacío que lo impulsa a buscar a su amigo el zorro para complacerlo en su disparatada decisión.
Se presenta ante el animal y le dice que está dispuesto a complacerlo.
Cuando el zorro termina de decir “gracias por salvarme” el príncipe le corta la cabeza y las patas y antes de que pudiera animarse a mirar a su amigo muerto aparece ante él una hermosa mujer que esperaba romper el hechizo que la había convertido en zorro durante tántos años.
Había una vez un molinero que dejó por herencia a sus tres hijos como única fortuna: su molino para el mayor, su asno para el segundo y su gato para el más joven.
El muchacho estaba muy amargado porque pensaba que sus hermanos iban a poder ganarse la vida pero él una vez que se comiera al gato y vendiera la piel, iba a morirse de hambre.
El gato al verlo tan afligido y sabiendo que su vida corría peligro le dice: “-yo voy a demostrarte que no te ha tocado un lote tan malo. Sólo necesito que me consigas una bolsa y un par de botas para adentrarme en la maleza-”
El muchacho no le tenía demasiada confianza porque lo único que le había visto hacer bien a este gato era cazar ratones pero... jugado como estaba le consigue las botas y la bolsa.
El gato llena de salvado la bolsa se adentra en la maleza y haciéndose el muerto se tiende en el piso cerca de la bolsa que tiene alimento.
Un conejito se acerca despacito para comer de la bolsa y el gato rápidamente lo atrapa. Hasta acá podríamos imaginar que de esta forma alimentaría al joven toda la vida; pero éste no era más que el principio de un fabuloso plan.
El gato se presenta con el conejo ante el rey de un pueblo cercano y con total reverencia le dice: -me ha enviado mi señor el marqués de Carabás (le mandó cualquiera) para que le entregue este presente en su nombre-
El rey le agradece a pesar de no haber oído jamás el nombre de tal marqués.
A los pocos días el gato vuelve a hacer la misma jugarreta y se presenta otra vez ante el rey con dos perdices de parte del supuesto marqués.
Que el rey se familiarizará con el nombre del marqués, no era más que otro eslabón que le permitía continuar con el plan.
Para eso necesitaba ahora la participación del muchacho que, por desahuciado, no sabía de qué se trataba pero estaba dispuesto a seguir fielmente las instrucciones del gato.
Obedeciéndolo el muchacho se quita la ropa y entra en el río a la espera de que el gato empiece a gritar socorro (ese era el plan). Es allí donde el joven deberá fingir que se está ahogando.
A todo esto el gato que había estudiado la rutina del rey, sabía que a esa hora pasearía con su carruaje y su hermosa hija por el lugar.
Cumpliendo con el plan, el gato ve venir al rey y comienza agritar: -¡socorro, socorro, mi señor el marqués de Carabás se está ahogando, socorro!-
Como el rey conocía al gato (y por su intermedio al marqués) decide parar y manda a los guardias para que lo socorran.
El gato le explica que unos ladrones le robaron su noble ropaje y el rey gentilmente lo lleva a su palacio y le entrega una vestimenta real.
Entre que el joven tenía una pinta bárbara, y con esa pilcha quedaba espectacular, la princesa queda muerta con el muchacho.
La cosa se complica cuando el rey le ofrece gentilmente al supuesto marqués, llevarlo hasta su castillo.
El gato que tenía todo previsto se adelanta y ve en el camino unos segadores trabajando la tierra; entonces se acerca y les dice que el rey pasará por ahí en un rato a preguntar a quién pertenecen esas tierras y si ellos no contestan que son del marqués de Carabás, serán duramente castigados. Así sucede, cuando el rey pregunta, los segadores responden según lo pactado.
Más adelante pasa lo mismo con unos trilladores que también aseguran que esas tierras son del marqués. Así hasta divisar un hermoso castillo cuyo dueño el gato ya había investigado.
Este tipo era un ogro, malísimo que castigaba duramente a sus sirvientes, a quien nadie conocía porque jamás salía de su castillo y no tenía amigos, ni conocidos; sin embargo el gato había averiguado que tenía el mágico don de convertirse en cualquier animal y la debilidad de ser muy vanidoso.
El gato con mucho coraje se presenta ante el ogro y desafía su vanidad diciéndole que él no cree que pueda convertirse realmente en ningún animal.
El ogro, vanidoso, pisa el palito y se convierte en un feroz tigre.
El gato le dice: -puede ser que imites a un animal de tu tamaño y tu temperamento, pero seguramente es imposible que puedas convertirte en un indefenso ratoncito-.
La vanidad del ogro no mide los riesgos, se convierte en ratón y el gato hace finalmente lo que más sabía hacer: cazar ratones.
Así el castillo queda sin dueño, listo para la llegada del marqués de Carabás.
Cuando el rey constató las riquezas y los bienes del marqués le ofreció la mano de la princesa. Se casaron fueron felices y comieron perdices.
Había una vez un hombre con tres hijas que después de haber construido una magnífica casa, decide hacer un largo viaje. Entonces la hija mayor le pregunta qué regalo va a traerle; cuando el hombre le pregunta a su vez qué desea, la hija responde que quiere un vestido bordado con hilos de plata.
El tipo no pone objeción y la hija del medio le pide entonces un vestido bordado con hilos de oro.
Después de acceder también a ese pedido, le pregunta a la menor de sus hijas (entre paréntesis la más querida) qué deseaba de regalo y la chica responde que no desea nada. El padre insiste tánto que finalmente la hija hace su pedido: -¡Quiero la rosa que habla!.-
El padre parte muy desconcertado a buscar ni sabe dónde la rosa que la hija pedía.
Recorre pueblos y caminos sin que nadie pudiera informarle dónde podía encontrar una rosa que hable. Ya casi claudicando, decide volver sólo con los vestidos que sí había conseguido, pero sin la rosa. Sin embargo algo en su interior le recuerda que si su hija pidió una rosa que hable esa rosa existiría en algún lugar y él no volvería hasta encontrarla.
En ese mismo momento el hombre escucha un murmullo, presta atención y logra oír risas y cantos que vienen de un castillo. Por curiosidad se acerca y escucha alegres voces de jovencitas y sospecha que quizás ellas sepan dónde está la rosa que habla.
No era fácil entrar al castillo pero él se las ingenia y entra. Al acercarse se da cuenta, para su gran sorpresa, que justamente las risas y el canto eran nada menos que de las rosas que hablan, no una, miles de rosas cantando y riendo.
El hombre elige la rosa más bonita y cuando está por cortarla aparece un lobo blanco enfurecido gritándole que cómo se había atrevido a entrar a su castillo y con qué autorización iba a cortar sus rosas.
El hombre, que creyendo que con pedir disculpas se solucionaba no puede creer lo que oye cuando el lobo le anuncia que tendrá que pagarlo con su vida.
El tipo le cuenta la historia de su hija querida y le suplica tánto que el lobo accede a hacer un trato: te perdonaré la vida, le dice, si prometes volver a tu casa y traerme a cambio a la primer persona con la que te encuentres.
Para desgracia del pobre hombre, con la primera persona que se encuentra es con su hija preferida
A quien le cuenta muy afligido toda la historia.
La hija sin dudarlo dice que está dispuesta a morir en su lugar y a pesar del dolor de su padre vuelven juntos al castillo y cuando el lobo los ve le dice al padre que se quede tranquilo que nada malo va a pasarles ni a él ni a su hija, por haber cumplido con el trato
Y estableciendo uno nuevo le dice al hombre que vuelva a su casa, que no cuente nada a nadie de lo ocurrido y que su hija permanezca un tiempo en su castillo.
El padre acepta el trato bajo promesa de no contar nada a nadie y la hija se prepara para el banquete que el lobo dispuso para la cena.
Cuando la chica estaba sentada en la mesa llena de manjares aparece un joven y apuesto caballero vestido de blanco quien le confiesa a la muchacha que estaba condenada a ser el lobo blanco del alba hasta el crepúsculo y que sólo por las noches recuperaba su aspecto original. Le propone quedarse en el castillo sin olvidar que no debe contarle nunca nada a nadie.
El muchacho era tan lindo, el castillo era de película, (tenía todo lo que podía desear incluyendo las rosas que hablan) que la chica decide quedarse.
A todo esto el padre regresa al hogar recordando la promesa de no contar nada, pero era tánta la insistencia de las otras hijas, que lo atormentaban día y noche, que finalmente tuvo que contarles la verdad y llevarlas al castillo.
Se me está yendo el tiempo, las chicas ven a su hermana, quien trata de no faltar a su promesa, pero tánto insisten que finalmente les cuenta toda la verdad y el lobo aullando de dolor muere a sus pies por haber roto su promesa.
Había una vez un viejo asno que había servido toda su vida a un hombre que ahora, al verlo viejo, quería deshacerse de él. Cuando el asno se da cuenta de que su amo piensa sacrificarlo, decide huir con la absurda pretensión de formar parte de la banda de músicos de Bremen.
Camino a la ciudad se encuentra con un viejo perro, jadeando y lamentándose al borde del camino y cuando le pregunta porqué se lamenta, el animal le cuenta que ya está demasiado viejo para ser un perro de caza y que su amo está pensando en deshacerse de él.
El asno muy entusiasmado le dice que no se haga problema, que a él le pasó lo mismo y tuvo la brillante idea de formar parte de la banda de músicos de Bremen.
El perro, perdido por perdido, decide acompañarlo.
Pasó lo mismo con un gato y con un gallo
Allí estaban los cuatro animales viejos escapándole a la muerte hacia la ciudad de Bremen.
Al llegar la noche, hambrientos y cansados, deciden dormir un poco antes de seguir el viaje, cuando divisan a lo lejos una luz que seguramente sería de una casa, donde tal vez pudieran encontrar algún resto de comida.
Cuando se acercaron a la casa vieron por la ventana a unos bandidos que sacaban de sus bolsas cosas evidentemente robadas a otras casas, incluyendo exquisitos manjares.
Los animales que estaban muy hambrientos idearon un plan para asustar a los bandidos, entonces se subieron uno encima de otro, alcanzando la altura de una persona y comenzaron a hacer ruidos extraños; los bandidos creyendo ver un fantasma o una criatura extraña, se asustaron y abandonaron inmediatamente el lugar prometiendo, por el miedo ante la aparición, que encauzarían sus vidas y no volverían a robar nunca más.
Así los cuatro animales quedaron con techo y comida en un lugar donde podrían vivir tranquilos su vejez.
Y colorín colorado el cuento se ha acabado.
Un matrimonio viaja a visitar a unos amigos a una ciudad que tenía hipódromo, nunca habían visto carreras de caballos y disfrutaron mucho del espectáculo pero no hicieron ninguna apuesta porque no tenían dinero
Al día siguiente, mientras la mujer preparaba las maletas para regresar, el marido le propone ir una escapada al Hipódromo a jugar dos dólares que le sobraban. La esposa está de acuerdo en que vaya mientras ella termina de empacar. El hombre apuesta sus dos dólares en una carrera y gana.
Muy entusiasmado apuesta lo que ganó en la carrera siguiente y gana, finalmente gana todas las carreras y sale del Hipódromo chocho con cincuenta y siete mil dólares
Cuando se dirige al hotel a darle la noticia a su señora pasa por el casino, y la misma voz interior que le había cantado los nombres de los caballos ganadores, le dice que hoy es su día de suerte y que debía aprovecharlo. entonces entra, la voz interior le dice que apueste todo al 13 y para su desgracia la bola paró en el 29
Llega a la casa y cuando la mujer le pregunta cómo le había ido le contesta “perdí los dos dólares”
A un alumno nuevo que se quejaba de los duros golpes de la vida el maestro respondió: -podría reconocer que el camino de la vida es sinuoso y lleno de pozos... pero en lugar de estancarte en la queja o encapricharte en asfaltar ¿por qué no probás con buenos amortiguadores?-
Mark Twain fue a escuchar el sermón de un amigo sacerdote que por largo tiempo le había insistido en que alguna vez lo visitara en su iglesia
El sacerdote era un orador muy poético y muy respetado y tenía gran interés en que su amigo lo escuchara. El día que Mark Twain se decidió, el sacerdote se esmeró en dar el mejor de sus sermones y mientras los fieles aplaudían a rabiar, Mark Twain permanecía sentado inmutable como si estuviese muerto. Al terminar la misa el sacerdote se acercó a preguntarle si le había gustado el sermón y Mark Twain le contestó: -la verdad es que no escuché nada nuevo, tu sermón fue la copia de un libro que tengo en mi casa que dice todo lo que tu has dicho y si me acompañas te lo puedo mostrar-
El sacerdote muy intrigado accede a ir a ver el libro porque sus sermones eran tán originales y tán auténticamente sentidos que era una ofensa que su amigo dijera que lo había copiado de un libro. Finalmente al llegar a la casa Mark Twain le entrega un diccionario y le dice:
-Tomá, ahí podrás encontrar cada una de las palabras que has pronunciado-.
Un hombre llega a un pueblo con la idea de ver si puede vivir allí y le pregunta a una anciana que está sentada en la puerta de su casa ¿cómo es ese pueblo?. La mujer a su vez le pregunta: -¿cómo es el pueblo de dónde usted viene?-. Entonces el hombre le cuenta que se fue de ese lugar justamente porque eran todos muy envidiosos y competitivos, que eran todos muy amargados y que por eso él ya no quería vivir allí. Entonces la anciana respondió: -este pueblo es igual-
El hombre siguió su camino. Al tiempo otro señor llega al pueblo con la misma intención y también le pregunta a la anciana sobre ese lugar
Cuando la mujer le pregunta cómo era su pueblo, el hombre responde: -yo lamenté mucho tener que irme de allí, lo que sucede es que tengo que vivir en un pueblo más próximo a la ciudad pero donde yo vivía la gente era muy buena, muy solidaria, había mucha alegría y felicidad-. Entonces la anciana respondió: -este pueblo es igual-
Uno es el lugar donde vive
Y uno es la vida que tiene
Había una vez un viejito que vivía al lado de una carretera donde vendía unos exquisitos bocadillos
El anciano estaba medio sordo, no veía muy bien y no recibía mucha información de cómo andaba el mundo
En lo físico no, pero sus bocadillos eran excelentes, bueno y las ventas iban tán bien que un día decidió alquilar un terreno y poner un gran letrero anunciando la venta de sus bocadillos.
El trabajo seguía aumentando y todo iba tán bien que decidió escribirle a su hijo para que regresara de la Universidad donde estudiaba Ciencias Mercantiles, para que lo ayudara con las ventas y la administración y los proyectos de mayor crecimiento
A los pocos días recibió la respuesta de su hijo que con gran indignación le decía que era un inconsciente, que estaba totalmente loco y que se notaba lo aislado que vivía, sin darse cuenta de la crisis por la que estaba atravesando el país
El viejo pensó: “mi hijo estudia en la Universidad, lee los diarios escucha la radio, está informado, debe saber de qué habla...” Así es que comenzó a ser más cuidadoso, invirtió menos en mercadería, comenzó a hacer menos pastelitos para no clavarse con ninguno, trató de achicar gastos y sacó el cartel del terreno que dejó de alquilar, y por supuesto sus ventas fueron decayendo día a día, hasta llegar a la conclusión de que su hijo tenía razón respecto de la crisis
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