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Pensamientos
Galatea de las Esferas
 
     
 
PRIMER PAGINA CUENTOS PREFERIDOS POR SILVIA FREIRE
 
 

2ª Pág. 3ª Pág. 4ª Pág

El Maestro se encontró con un vecino muy anciano, que caminaba arrastrando los pies, con un bastón en las manos. “Buenos días –le dijo-, ¿qué tal vamos últimamente?”. “No demasiado bien –respondió el anciano con un hilo de voz-Solía dar una vuelta a la manzana antes de desayunar, pero ahora me encuentro tan débil que sólo puedo llegar hasta la mitad y regresar por el mismo camino”.

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Afirmaba un Maestro que la mayoría de las personas que son infelices lo son porque han tomado la decisión de serlo. Y para ilustrar esto, contaba que su hija menor tenía cierta resistencia a concurrir al campamento de verano, entonces el Maestro compró unas cuantas postales, puso en todas ellas el nombre propio y la dirección y se las dio a la nena y le dijo: “escribí en cada tarjeta Me Siento Muy Feliz, para dar comienzo a lo que quieras contarnos cuando estés en el campamento”. La nena tomó las tarjetas, se sentó a escribir y le preguntó al papá: “¿cómo se escribe miserable?”.

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La esposa le sirve al marido una exquisita cola rellena, el marido luego de elogiarla pregunta por qué le corta la punta a la colita, ella responde que así lo hacía su mamá y le salía riquísima. El hombre llama a su suegra y le pregunta por qué le corta la punta ya que él considera que sin cortarla saldría más jugosa; la madre le responde que así lo hacía su madre ¡que era quien hacía las colitas rellenas más sabrosas! El hombre llama entonces a la abuela y luego de plantearle su teoría, recibe esta respuesta: “tienes razón hijo, pero yo corto la punta porque mi asadera es chica”.


Consciencia constante.
Ningún alumno Zen se atrevería a enseñar a los demás hasta haber vivido con su Maestro al menos durante diez años. Después de diez años de aprendizaje, Tenno se convirtió en maestro. Un día fue a visitar a su Maestro Nan-In. Era un día lluvioso, de modo que Tenno llevaba chanclos de madera y portaba paraguas. Cuando Tenno llegó, Nan-In le dijo:

-Has dejado tus chanclos y tu paraguas en la entrada ¿no es así? Pues bien:¿puedes decirme si has colocado el paraguas a la derecha o a la izquierda de los chanclos?

Tenno no supo que responder y quedó confuso. Se dio cuenta, entonces, de que no había sido capaz de practicar la conciencia constante. De modo que se hizo alumno de Nan-In y estudió otros diez años hasta obtener la conciencia constante.

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Resulta que había un hombre que se quejaba de que su vecino siempre le daba fuertes palmadas en la espalda. Entonces este tipo estaba harto y dijo: “bueno, tengo una idea. Me voy a poner un cartucho de dinamita”.Y tuvo la loca idea de que creer que lo estaba perjudicando, porque pensó: “bueno, cuando me de una palmada en la espalda, la dinamita le va a arrancar el brazo”.

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El portero de un hotel de pasajeros pierde su trabajo porque el nuevo dueño, con ánimo de mejorar el servicio, pretende que él anote las quejas y sugerencias de los pasajeros, pero el pobre portero no sabía leer ni escribir. Luego de suplicar, regresa abatido a su casa con el dinero de la indemnización, pensando que nada podría hacer, ya que toda su vida había trabajado en ese hotel. Desocupado como estaba intentó hacer algunos arreglos en su casa pero notó que le faltaban herramientas. Viajó entonces al pueblo más cercano (ya que en su pueblo no había ninguna tienda) y compró lo que necesitaba. Al día siguiente, un vecino le pide prestado su nuevo martillo, y al devolvérselo le propone comprárselo ya que él, estando desocupado, podría volver a viajar al pueblo cercano a comprar otro. Resumiendo: todos los vecinos compraban las herramientas que él traía. Incluso con el tiempo, con el dinero de la indemnización fue llenando un depósito. Luego puso un negocio, y creció hasta llegar a ser la tienda más concurrida de los pueblos cercanos.
Tanto dinero hizo que fundó un gran colegio. En la fiesta de inauguración, el Intendente pide con gran orgullo que le conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas, a lo que el hombre responde: -El honor sería mío pero no sé escribir.

-¿Usted? ¿Usted construyó un imperio y no sabe escribir? Me pregunto –dijo el intendente- ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?

-Yo se lo puedo contestar –respondió el hombre- si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería portero de hotel!

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Escuché que el rey entró en su jardín y encontró que los árboles, arbustos y flores estaban marchitándose y muriendo. El roble dijo que estaba muriéndose porque no podía ser tan alto como el pino. Volviéndose al pino, el rey lo encontró cayéndose porque no podía tener uvas como la vid. Y la vid se estaba muriendo porque no podía florecer como el rosal. Después encontró una planta de pensamientos florecientes y tan fresca como siempre. Habiéndole preguntado que le sucedía, el rey recibió esta respuesta: “yo di por sentado que cuando me plantaste querías pensamientos, si hubieras querido un roble, una vid, o un rosal, los hubieras plantado; entonces pensé, dado que no puedo ser ninguna cosa, salvo lo que soy, trataré de serlo lo mejor que pueda”. Estás ahí porque la existencia te necesita tal como eres. Si no fuera así habría otra persona en tu lugar. Estás llenando un espacio muy especial, muy fundamental, tal como eres. ¿Por qué convertirse en Buda? Si Dios hubiera querido otro Buda podría haber creado tantos como hubiera querido. Hizo un solo Buda y fue suficiente. Desde entonces no ha creado ningún otro Buda, ningún otro Cristo, ningún otro Krisna. Te ha creado a ti. Piensa en el respeto que el Universo te ha demostrado. Tu has sido el elegido. Ni Buda ni Cristo ni Krisna. Ellos ya hicieron su trabajo. Ya contribuyeron con su perfume a la existencia. Ahora tu estás aquí para contribuir con el tuyo.

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Había un gallego que estaba agachado buscando algo en la esquina de su casa. Entonces pasa un amigo, lo ve que estaba buscando, le pregunta qué le pasa y le dice: “mirá hace una hora que estoy desesperado buscando las llaves de mi casa y no las puedo encontrar”. Entonces el amigo se pone a buscar con él; no las encuentran y se le ocurre preguntarle: “escucháme, pero vos, ¿las perdiste acá?”. Entonces el otro le contesta: “ no las perdí en la puerta de casa, pero acá hay más luz”.

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Hay un señor que está muy histérico, muy nervioso y va a ver al sabio del pueblo y le explica que vino toda la familia a vivir a su casa, que estaban todos en una habitación y que está enloquecido con eso, que no sabía como manejarlo. Y le pidió un consejo al sabio. Entonces el sabio primero le hace prometer que va a cumplir con lo que le va decir y después le pregunta cuantos animales tiene, entonces él contesta que tiene una vaca, un caballo y seis gallinas. El sabio le recomienda que entre a esa habitación todos los animales. Así que el tipo va, más loco que antes, obedece fielmente y, a la semana, vuelve enloquecido. Entonces vuelve y le dice al sabio: “mire, conmigo usted no la pegó. En realidad yo estoy más loco que antes. Para colmo todos mis parientes están locos. Estamos todos histéricos. Hay una mugre, un olor espantoso...”
Entonces el sabio le dice: “bueno. Ahora sí, andá, sacá los animales y disfrutá de la paz”.

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En una gran inundación pasan las lanchas de salvataje a recoger a todas las personas. Un hombre se resiste a abandonar su vivienda alegando que él es muy creyente y que sabe que Dios lo va a ayudar. La creciente sube hasta que pasa un chico con un bote y le grita “¡Buen hombre! ¿Qué hace sobre ese techo? ¿No lo han venido a salvar?”. El hombre le contesta: “¡Seguí nomás amigo que Dios me va a ayudar!”

El agua no baja y el hombre ve flotar un tronco, al no saber nadar, pensó en asir el tronco y flotar hasta la orilla... Entonces indignado, pide perdón al cielo por su falta de fe. Finalmente se ahoga y cuando sube a los cielos increpa al Gran Señor: “Yo confié tanto, resistí tentaciones y esperé que me salvaras, ¿pero Vos qué hiciste, Dios?”. Dios le contesta: “¿¡Yo!?... te mandé una lancha, un bote y hasta un tronco, ¿qué es lo que hiciste vos?”

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Un caminante llega a un lugar paradisíaco, se sienta a descansar cerca de una piedra y ve una inscripción que dice: Ezequiel, vivió tres años, cinco meses, tres días. Se acerca, entonces, a otra piedra, y lee otro nombre: Gustavo, vivió cinco años, cuatro meses, diecisiete días. Llega a la conclusión de que ese lugar paradisíaco era, finalmente, un cementerio y con cierta intriga recorre cada lápida y ve que nadie pasa los once años de vida.
Algo perturbado, se sienta a meditar acerca de qué rara maldición habría sobre ese pueblo que los niños morían a tan temprana edad. Aparece entonces el sepulturero que le cuenta que es tradición en ese pueblo regalar una libretita a cada persona que cumpla quince años. Libretita que cada uno cuelga de su cuello, anotando allí cada vez que algo los hace felices. Entonces, a la izquierda anotan el suceso feliz y a la derecha el tiempo que dura esa alegría.

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Resulta que un hombre recorrió todo el mundo para encontrar a un maestro muy famoso. Entonces, cuando se encuentra al fin ante un discípulo, le pregunta: “por qué es tan famoso este maestro y cuáles han sido los milagros más importantes que ha realizado”. Entonces el discípulo le contesta: “en tu país se considera un milagro que Dios haga la voluntad de alguien, en cambio entre nosotros un milagro es que alguien haga la voluntad de Dios”.

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Hay un monje que va a visitar a un sabio, porque su pueblo era un caos. Se llevaban todos muy mal. Estaban todos muy mal y le quiere preguntar al sabio a ver si sabe que es lo que pasa y como puede solucionarlo.
Entonces el sabio le dice: “han cometido un gran error porque entre ustedes está el Mesías y no se dieron cuenta. El monje muy acongojado se va al pueblo, los cita a todos en la plaza y les comenta que entre ellos estaba el Mesías y que Dios no perdonaba que no se hubieran dado cuenta”. Así que mientras escuchan el relato empiezan a mirarse unos a otros, sospechando que por ahí el que está al lado puede ser el Mesías. Entonces ahí por las dudas, el verdulero empieza a tratar mejor al carnicero, el carnicero mejor al panadero, y así sin quererlo, todos empiezan a respetarse mucho más, a considerarse mucho más y a quererse mucho más.
Pasado el tiempo, el monje vuelve al sabio y le agradece, de algún modo, que todo esté muy bien, que todo esté en armonía, pero él seguía intrigado porque todavía no sabía donde estaba el Mesías.

Así que el sabio le dice: “bueno, me extraña que todavía no sepas que el Mesías está en cada uno”.

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Un discípulo veterano de un monasterio le dijo al recién llegado: “debo advertirte que no entenderás una palabra de lo que diga el Maestro, si no tienes la disposición apropiada. Serás como un estudiante que quiere aprender un idioma extranjero. Las palabras que el Maestro pronuncie te sonarán familiares, pero tienen un significado desconocido”. Y el nuevo contestó: “ojalá que no sea alemán porque es el único idioma que no domino”.

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Hay un matrimonio que llevaba ya largos años de casados y la rutina se había instalado en el hogar. Una noche, la esposa advierte que el marido se levanta sigilosamente, va al baño y luego entra en el cuarto de servicio donde estaba la mucama. Entonces la mujer pega la oreja a la puerta y escucha que su marido susurra: “estas son piernas, no las de mi señora. Estos son pechos, no los de mi señora”, y así con cada parte del cuerpo, ¿no? La gallega vuelve a su cuarto con gran dolor y comienza a llorar. Después la bronca y el amor propio empezaron a apoderarse de ella y empieza a pensar en matarlo. Finalmente, pensándolo mejor decide sacar partido de la situación y a la mañana siguiente encara a la mucama, le aumenta el sueldo y le hace esta propuesta: “esta noche, cuando mi marido se levante para ir al baño, vos andáte de la habitación porque yo me voy a pasar a tu cama”. Así fue como esa noche y todas las noches esta gallega piola tuvo su propia aventura, su propio secreto, su propia travesura. Disfrutando de los elogios de su marido que, susurrando en la penumbra, repetía: “estas son piernas y no las de mi señora”.

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Hay un muchacho blanco, que se pierde en la selva y se cría en una tribu con una cultura diferente. Se casa con una nativa de aquella cultura, y una noche la mujer le comenta que su entrañable amiga acaba de quedar viuda. Entonces le pide que la vaya a consolar y que se acueste con ella. El blanco con nuestra cultura, no entiende nada. Se niega horrorizado. Le dice: “no, ¿qué me estás pidiendo?”. Finalmente la mujer lo convence. El hombre blanco va, consuela a su amiga, y cuando vuelve, la mujer le dice: “yo sabía que eras un buen hombre, y ahora te amo mucho más por ser tan compasivo”.

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Osho cuenta: “yo estaba sentado a la orilla del río y el perro se acercó se acercó sediento y cuando se vio reflejado en el río se asustó tanto que se fue, pero quedó como pensando ahí, tratando de tomar ánimo; finalmente se animó, sorteó el temor y tomó agua.

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Un Maestro insistía en decir que lo más hermoso está, justamente, delante de nuestros ojos y si no lo vemos es porque nos falta perspectiva. Para ilustrarlo le dijo al discípulo que lo iba a llevar a ver el más bello paisaje que hayan visto sus ojos. Entonces caminaron cuesta arriba entre una espesa vegetación, y rodeado de maleza, el discípulo preguntó decepcionado si era ése el hermoso paisaje del que hablaba. El Maestro respondió: “si sigues subiendo, podrás apreciarlo cuando lleguemos a la cima”.

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Un hombre viaja en micro a Mar del Plata y hacen una parada para almorzar en Dolores. Baja en un hermoso restaurante y ve en el mostrador exquisitos platos así como pollo al champiñón, milanesas a la riojana, muy bien preparados, muy bien presentados, muy tentadores. Entonces la dueña se acerca a atenderlo y este buen hombre le pide pollo al champiñón. La dueña le pregunta si viaja en el micro que va a Mar del Plata, cuando el hombre le responde que sí, ella le dice que no hay pollo al champiñón. Algo desconcertado el tipo le pide, entonces, las milanesas a la riojana. La dueña le repite la pregunta: “usted viaja en el micro que va a Mar del Plata?” Cuando el hombre le contesta que sí, ella dice: “a usted sólo puedo ofrecerle un sandwich porque me he pasado toda la mañana preparando esa comida y usted sólo tiene diez minutos para comerla, ni siquiera será capaz de saborearla, así que mejor cómase un sandwich”.

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El esposo habla con su amigo médico y le cuenta preocupado que su señora se está quedando sorda. El médico, pretendiendo evaluar el grado de sordera, le sugiere que camine con el teléfono inalámbrico por el pasillo, gritando el nombre de su esposa, acercándose hasta que ella le responda. Infructuosamente el marido camina a los gritos hasta llegar al lado de su mujer. Ella da un violento giro y grita: “¡¿Qué querés?! Van diez veces que me llamás y diez veces que te contesto. “¡Vos estás cada día más sordo!”

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Le preguntaron a un maestro que hacía él con sus discípulos. Y explicaba que lo mismo que hace un escultor con la estatua de un tigre, le quita a golpes, todo lo que no se le parece a un tigre. Todo lo que se halla adherido de la educación o del pasado.

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