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CONSTRUCCION DE UNO MISMO


Hace poco, Silvia nos mostró en clase este grabado de Escher, "Construcción de uno mismo", esta una mano que tiene un lápiz que dibuja un brazo, que en su extremo tiene una mano  que a su vez dibuja el brazo que sostiene a la primer mano. Es como un círculo continuo, donde cada mano dibuja al brazo que sostiene a la mano que a su vez...
 
manos
 
 

Ella comentaba en esa oportunidad, que nosotros olvidamos que somos nosotros mismos los que dibujamos nuestra realidad. Que somos creadores. Nos sugirió andar siempre con un lápiz (de esos que tienen goma en un extremo, para borrar lo que no nos esté saliendo bien dibujado...) para recordar que todo el tiempo estamos escribiendo nuestra realidad; y que lo grave es que, cuando no lo hacemos nosotros conscientemente, el lápiz sigue solo dibujando la realidad, en función de nuestro inconsciente, que puede estar siendo influido por los neuropéptidos a los que nuestras células ya son adictas. Entonces, si somos adictos al fracaso, por ejemplo, en cuanto dejemos de ser conscientes de que creamos nuestra realidad, volveremos a crearnos un fracaso para satisfacer la adicción de las células por esa emoción...
Silvia decía: "Hay que estar atento a no caer en situaciones donde uno puede ver con facilidad que está cayendo en la energía de la propuesta del otro.  A veces puede ser el dibujo de uno mismo, o podemos estar dibujando con otro el mismo paisaje (que es lo que pasa en una pelea, donde dos participan, por ejemplo). Uno puede estar compartiendo un dibujo con otro y ninguno de los dos está borrando nada. Uno podría estar más consciente de quién es el que está agarrando el lápiz, qué está haciendo, de borrar el trazo mal hecho... sobre todo, ser consciente de estar dibujando con el otro una realidad. Pero uno ni siquiera es consciente de estar dibujando su realidad todo el día... por lo menos anhelemos eso. Ser conscientes de estar dibujando nuestra realidad. Lo más útil es que uno incorpore que las respuestas del otro siempre son escritas por uno mismo. Lo que hay que ver es qué parte de uno es la que escribe este argumento. Dentro nuestro, viven muchos; y alli conviven los más
  sanos, los que realmente quieren lo mejor, con aquellos que desean aún las emociones a las que son adictos.
Hay una etapa en que uno es consciente de ser el ventrílocuo que hace hablar al que tiene enfrente, como si fuera el muñeco de madera que uno mismo maneja. Está diciendo sólo lo que yo quiero que diga, ya sean insultos o elogios.
Y algo inmediato que podemos usar, es "lo borro". Inmediatamente, pensar en borrar esa respuesta del otro. Tomar conciencia de que es uno quien lo hace hablar, y con la misma energía, internamente, pensar en cambiar esa realidad. Luego si, ir a buscar para qué necesité escuchar todo esto que escuché. (sin poner la energía en hallar la respuesta, sólo plantear la pregunta) Pero mientras, no permitir que por inercia la situación quede así, que el dibujo quede así, un mamarracho. Primero, internamente decretá: "No quiero esto para mí ni para nadie", y verás que la situación cambia.
Pero lamentablemente, uno olvida que tiene el mecanismo en la mano, que tiene la llave que abre la jaula en la mano. Como si tuviéramos los anteojos sobre la cabeza mientras los buscamos. Por eso es tan útil el grupo, alguien que nos diga: "oíme, tenés tenés los lentes sobre la cabeza".
Te leo esto que dice el Curso de Milagros: "Una vez que alguien queda atrapado en el mundo de la percepción, queda atrapado en un sueño. No puede escapar sin ayuda, porque todo lo que sus sentidos le muestran, da fe de la realidad del sueño"
Ya sea que esa ayuda sea de otro ser humano o de Dios, tener presente que tenemos que buscar esa ayuda, mientras tenemos claro que estamos inventando la realidad, que estamos haciendo el dibujo de nuestra vida. Uno escribe el argumento y dibuja la escena y los actores. Todo lo hacemos nosotros.
Hay una etapa que es "Para qué hice este argumento?" sin que sea tan importante la respuesta. Ya sea para repetir la historia de papá o de mamá, o para experimentar esa emoción a la que somos adictos, lo que hacemos es traer el pasado al futuro, evitando el presente que es lo único que me puede dar la posibilidad de un momento santo. Para recrear el infierno un ratito, para estar en mi mundo, para sufrir un poquito...
El siguiente paso, es decir internamente "No quiero esto para mí ni para nadie"
Ojo: hasta donde yo se, al ego no le gusta este decreto. Así que te va a poner trabas, va a impedir que tu mente recuerde este recurso. Por eso se precisa ayuda. Porque el ego precisa esa situación de displacer, para seguir vivo. Entonces, va a poner todas las trabas que pueda a que recuerdes que tenés la llave, que podés decretar "No quiero esto para mí ni para nadie"
Otra ayuda son los recordatorios: símbolos que nos recuerden esta posibilidad: la foto de Cristo, hacerse cartelitos...
Pero por experiencia, les digo que cuando uno está experimentando esa emoción a la que somos adictos, cuando uno se está drogando con el fracaso, por ejemplo, no quiere que le recuerden que puede salir. El cuerpo está en su salsa, experimentando lo que deseaba. Lo que el cuerpo quiere es seguir en esa situación, y si mirás la foto de Cristo, no la verás.
Pero tener presente que esto puede suceder, nos ayuda a estar atentos. No se amarguen; sólo, vuelvan a intentar. Y lo importante es sostener este Trabajo. Sostenerlo."
Ojalá te sea tan útil como a mí. Vivian.
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